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La farmacia tiene muchos datos, el problema es qué hacer con ellos

Miguel Angel García Tecnología aplicada a la farmacia

Facturo algo más de dos millones de euros, con un margen bruto del 36%. Hasta aquí, una botica sana y normal pero....

Entra en cualquier farmacia y pregunta cuántos programas usan a diario. Te dirán tres o cuatro. El ERP, el portal del mayorista, el del grupo de compras, la web si la tienen. Cada uno con su usuario. Cada uno llamando de forma distinta al mismo producto.

Ahora pregunta otra cosa. Qué referencia les está costando dinero esta semana. Ahí se hace el silencio.

No es culpa del farmacéutico. Los datos existen, están todos ahí dentro, pero viven encerrados en una base de datos local que solo entiende el programa que la escribió. Sacar algo de ahí significa un Excel a mano un domingo por la tarde.

Un número, de una farmacia de verdad

No me gustan las cifras redondas de folleto, así que voy a hacer lo contrario. Esto sale de una farmacia real, no diré cuál, de doce meses de sus propios datos, con el método explícito para que cualquiera lo pueda repetir.

Facturó algo más de dos millones de euros, con un margen bruto del 36%. Hasta aquí, una botica sana y normal.

Ahora la parte incómoda. Cruzamos cada medicamento que dispensó con su equivalente homogéneo y nos quedamos con el más barato de comprar que ella misma tenía en stock en ese momento. La diferencia de coste, multiplicada por las unidades que vendió, es margen que estaba encima de la mesa y se quedó sin recoger.

Casi 65.000 euros en un año. El 9% de todo su margen bruto. Más de un mes entero de margen de la farmacia, evaporado en diferencias de céntimos que nadie tenía tiempo de mirar.

Y es la cifra prudente: solo cuenta los casos en los que el equivalente barato ya estaba en su cajón. El techo teórico, contando también lo que podría haber comprado, ronda los 99.000.

Lo tranquilizador es el detalle. De cada tres cajas sustituibles que dispensa, dos ya salen con el equivalente más rentable. Lo hace bien. Es la tercera la que se escapa. Atorvastatina de una marca a 10,43€ cuando la tenía a 3,85€. Ezetrol a 20,81€ con la ezetimiba genérica a 8,26€ al lado. Fluimucil a 4,34€ pudiendo dispensar acetilcisteína a 1,84€, cuatrocientas setenta y dos veces en el año.

Y el matiz que lo cambia todo: en la mayoría de estos casos el paciente paga exactamente lo mismo y se lleva el mismo principio activo. Son financiados que se dispensan por principio activo. Lo único que cambia es lo que la farmacia pagó por la caja. No es vender más. Es comprar y dispensar con la información delante.

Este número es de esta farmacia. El tuyo será otro ,más grande o más pequeño, según tu tamaño, tu surtido y lo ordenado que estuviera el punto de partida, y te lo enseñamos con tus propios datos antes de que te comprometas a nada.

La parte de la IA, que es donde casi todo el mundo hace trampa

Se está vendiendo mucho humo con esto. Un modelo de lenguaje al que le enseñas datos y te suelta un informe bonito. El problema es que ese informe puede estar mal y no hay forma de saberlo.

Nuestros agentes funcionan al revés.

Primero, una capa de métricas puras. SQL, cálculos deterministas, cifras que se pueden reproducir y auditar. Rotación, cobertura, margen, desviaciones, lo que sea. Si preguntas de dónde sale un número, hay una consulta que lo explica. Los 65.000 euros de arriba son exactamente eso: una consulta, no una impresión.

Segundo, una capa de reglas que detecta lo que se sale de lo normal. Un producto que ha dejado de rotar. Un proveedor que sube precios sin avisar. Un patrón de abonos que se repite.

Y solo al final entra la IA. Su único trabajo es contarte en castellano lo que las dos capas anteriores han encontrado. Narra. No calcula. Nunca.

Es aburrido de explicar y es lo que hace que el sistema sea fiable. Si el modelo se inventa un número, el número no llega. No puede llegar, porque el modelo no tiene permiso para hacer cuentas.

Lo que se rompe todos los días

  • Compras a ciegas. Se pide de más de lo que no rota y de menos de lo que vuela. El resultado es caducidades por un lado y rupturas por otro, a la vez, en la misma botica.

  • Se compra bien, pero no siempre al mejor precio. El mismo principio activo, intercambiable según la AEMPS, cuesta cosas muy distintas según el laboratorio. Nadie tiene tiempo de comparar caja por caja cuál sale más a cuenta, y esa diferencia se acumula todo el año sin que aparezca en ningún sitio.

  • Abonos al mayorista. Pedidos mal cursados, devoluciones, llamadas, papeleo. Horas de mostrador que se van en gestión que nadie factura.

  • Los canales online. Si la farmacia vende en PromoFarma, en Miravia o en su propia tienda, tiene tres catálogos distintos que actualizar. Precios que se descuadran. Productos publicados que ya no hay en stock. EAN que no casan con nada. Casi siempre lo lleva la misma persona, a ratos, cuando puede.

  • El equipo. Nadie sabe quién vende qué. Se intuye. Y sobre intuiciones no se toman decisiones de personal ni se reparten objetivos.

  • Los informes. Muchas farmacias ya tienen paneles. Gráficos de colores que alguien abrió dos veces el primer mes y nunca más. Un panel no te dice qué hacer el martes. Te enseña un número y te deja solo delante de él.

Qué hacemos en KeyFarma

El farmacéutico no cambia de programa, no aprende nada nuevo, no toca su forma de trabajar. Sigue vendiendo igual que ayer.

A partir de ahí, los datos ya están fuera y se pueden usar.

  • Canales de venta. Un catálogo, un precio por canal, exclusiones por producto. Si algo no quiere venderse en un marketplace, se marca y desaparece de ahí sin tocar el resto. La sincronización va sola cada pocos minutos. Nadie sube un CSV a mano nunca más.

  • Recursos humanos. Cada venta queda ligada al empleado que la hizo. Con eso se puede montar un cuadro de objetivos serio. Sin juegos, sin puntos, sin rankings. En una farmacia incentivar dispensación tiene un problema deontológico y otro laboral, y no vamos a ir por ahí.

  • Análisis financiero y CRM. Margen real por familia, evolución de clientes, comportamiento de compra. Y algo que casi nadie mira: cuánto margen se queda por el camino cada vez que se dispensa un equivalente más caro de comprar teniendo otro igual, más barato, en el cajón.

Lo que no vas a leer aquí

No vas a leer que ahorramos esos 65.000 euros a cada farmacia. Sería mentir. Esa cifra es de una botica concreta, en un periodo concreto, y la damos con el método al lado precisamente para no jugar a la ambigüedad que tanto se ve en el sector: porcentajes redondos de los que nunca se dice de cuántas farmacias salen ni de cuánto tiempo.

Lo que sí decimos es esto:

  • La farmacia que sincroniza su catálogo automáticamente deja de dedicar tardes a subir productos. 
  • La que ve su margen real por familia deja de comprar a ciegas. 
  • La que sabe qué equivalente le renta más lo dispensa sin que el paciente note nada. 
  • La que sabe qué vende cada persona puede hablar con su equipo con datos encima de la mesa. 
  • El ahorro depende del tamaño, del surtido y de lo desordenado que estuviera el punto de partida.